El otro significado que veo es: El Golem como hombre autómata, programado, que no es sí-mismo, y que vive representando "personajes" que no son su persona real. El hombre masificado, que se pierde en la masa, y no piensa ni es el mismo.
miércoles, 30 de junio de 2010
La metáfora del Golem
lunes, 5 de abril de 2010
En un instante
Rab Nachman de Breslau, La Silla Vacía.
viernes, 19 de marzo de 2010
Ser nada
martes, 18 de agosto de 2009
Vete
[imagen: My creation my hamsa collection por Ruth Tarragano רות טרגנו - http://www.flickr.com/photos/ruth-tarragano/2380366493/]
[...] Un maestro místico que encontré un día, mientras paseaba por Italia, junto al Coliseo, un harapiento hombre que vendía coliseos de barro por un dólar, él me explicó; nunca lo olvidaré:
-Vete, ¿Sabes que significa vete? Significa ve-te, ve hacia ti. Tu camino hacia ti. Ese camino es de Dios.
La lección del maestro. A menudo pienso si ese hombre no era el Mesías, el legendario Mesías que según el Talmud está harapiento y enfermo sentado en Roma y espera. Martin Buber cita en su autobiografía esta leyenda, y dice que le preguntó a su maestro:
-¿Maestro, por qué espera el Mesías y no viene? ¿A quién espera?
El maestro le replicó:
-A ti te espera, a ti...
A mí me espera. Yo debo traerlo. Soy una chispa del Mesías. Hay que encenderla.
Extracto del libro Cabalá de la Luz, de Jaime Barylko.
domingo, 17 de mayo de 2009
Historia de un brillante
En esta ocasión voy a transcribir un cuento del libro de Jaime Barylko, Yo y Tú, un mundo. Me ha conmovido gratamente, y dice así:Los sábados al atardecer reunía el maestro a sus alumnos y les contaba historias para promover la reflexión.
-Los sábados al atardecer -les decía el maestro a sus alumnos - es la hora más propicia, porque la santidad del séptimo día se anuncia en su despedida y la rutina de los seis días de trabajo se anuncia con pesadumbre, entonces hay que pensar, hay que pensar.
-¿Y hoy qué nos va a contar, maestro?
-Hoy será la historia de un finísimo brillante. Sucedió en una familia muy pobre de la vieja y antigua Europa, una familia judía que apenas tenía para vivir. El padre encontró un brillante en la puerta de su casa. ¿Qué hizo?
-Seguramente lo vendió y alimentó a su familia.
-No. Lo ocultó para tiempos aciagos. "Vendrán días peores", pensó, "y lo necesitaremos". Entonces fue y lo enterró en el baldío que estaba al lado de su casa. Y para no perder de vista el lugar donde lo había ocultado, le puso encima una piedra.
Y no se lo contó a nadie. Temía que a alguien se le escapara el secreto y rápidamente los bandoleros de la zona se enteraran y viniesen a robar el brillante.
Al día siguiente, su mujer salió y vio la piedra.
-¿Qué es esta piedra? La quitaré de aquí, molesta.
-No la toques, mujer.
-¿Por qué?
-Porque trae suerte.
-¿Suerte? ¿Esta piedra?
-Sí, trae suerte, déjala en su lugar.
La mujer, de las mujeres de antes, acató la voluntad de su marido. Al día siguiente, junto a la piedra había otra piedra.
-¿Quién puso otra piedra más? -preguntó el esposo.
-Yo, dijo la mujer-, yo la puse, porque si una da suerte, dos dan más suerte.
Él no replicó nada, la dejó hacer, y la dejó creer.
Los hijos le preguntaron a la madre por las piedras.
-Traen suerte.
-¿Cómo lo sabes?
-Por papá, y papá sabe lo que dice.
"Entonces fueron ellos y pusieron más piedras para que trajeran más suerte. Pero no hubo suerte, en cambio, hubo hambre, y desgracia, de más en más.
No obstante, al brillante nadie lo veía. Sólo antes de morir, el padre llamó a su hijo mayor y le contó la verdadera historia del brillante enterrado, que esperaba que salvara a la familia de la desgracia futura.
El hijo guardó el secreto. Y puso más piedras. Y así los hijos de ese hijo. De generación en generación, pasaba el secreto a una sola persona, y el resto creía que en las piedras había santidad.
Todo se llenó de piedras. La gente creía en la tradición de las piedras que traían suerte.
Los jóvenes se rebelaban.
-¡No queremos más piedras! -gritaban-. Queremos trabajar y luchar por una vida más digna.
Los viejos los obligaban a callarse la boca.
-Hay que respetar la tradición -decían-. Si nuestros abuelos anunciaron que las piedras traen suerte, hay que seguir esa senda y ese derrotero.
Los más rebeldes se fueron de la aldea a buscar mejor destino en otros parajes. La mayoría se quedó con las piedras.
Las piedras crecían en número, y los muertos de hambre y de enfermedad también crecían en número."
El maestro guardó silencio.
-¿Qué nos enseña esta historia, maestro?
-Piensen, piensen que nos enseña. Ante todo nos enseña a pensar. Y eso lo tienen que hacer por cuenta propia.
Gracias Jaime!
domingo, 7 de diciembre de 2008
Sefirots: -4.Jesed (Benevolencia) -5.Guevurá (Justicia) -6.Tiferet (Belleza).

4.Jesed. Significa Benevolencia, Piedad. El plan de la existencia acarrea su finalidad, el bien. También se lo llama Grandeza o Magnificencia. Pero no está solo. Tiene su par. La proxima sefirot.
5. Guevurá significa fortaleza. Otros le dicen Din=Juicio. La generosidad de Jesed, se equilibra con Din, Justicia o Severidad. El Bien que fluye sin limites, es sin embargo, limitado por la Justicia que ordena al mundo con severidad. La justicia controla la disciplina moral de la existencia precisamente para que haya lugar para el Bien.
6.Tiferet significa Hermosura. Dialécticamente la cuarta y la quinta se funden en la sexta, Tiferet, Belleza. Si pensamos que este concepto tiene como idea de base la proporción, trátese pues de la proporción ética entre la Gracia y el Rigor. Tiferet es el centro neurálgico de la estructura de las sefirot (el Árbol de la Vida). Es el gran eje que une a lo superior con lo inferior. Es el punto de apoyo donde se controla la extralimitación a la cual tienden los lados izquierdo y derecho, negativo y positivo, femenino y masculino, receptividad y fluencia.
El Puro Bien no podria mantener a un mundo cuya finalidad es ética. Requiere de la Justicia. Pero la Justicia es extremista y exterminadora. Entra a mediar la Belleza, o en otro término, la Piedad, y de esta manera se mantiene el delicado equilibrio entre estas fuerzas opuestas.
Extracto del libro Cabalá para todos, de Jaime Barylko.
Una metáfora: Equilibra la Bondad y la Justicia, y encontraras la Belleza de un Árbol (uno mismo) con el tronco fuerte, bien plantado en sus raíces y creciendo en la dirección adecuada sus ramas. Sin este equilibrio, el tronco no desarrollará la fuerza necesaria, las raíces no entrarán profundo en la tierra y las ramas no tendrán la dirección adecuada. ¿Qué Árbol queremos ser? El desafío es Ahora mismo...
Gustavo.
jueves, 13 de noviembre de 2008
La voz
La voz se da, está, nunca falta.El que falta suelo ser yo,el que no oye,el que cierra la puerta, cerrandome ante el otro,negandome al amor.
La voz está. Hay que esforzarse y oírla.Para ello hay que desechar otras voces.Estamos llenos de llamados, de reclamos,de deseos de poder.
Voces utilitarias, de vencer en alguna competencia.Ésa es la muralla que impide oír a Dios.Desentumece tu oido, tira abajo la muralla,arroja los muros de la vanidad, si es que quieres oír.
Si no oyes, no hay Dios. Eres tu mismo dios.Oír es abrirse, escuchar es dejarse fecundar por la
creación y hacerse parte de ella.Extracto del libro Cabalá para todos, de Jaime Barylko.



