
Desde las profundidades.
Hay que estar en el fondo del pozo para valorar la luz.
Ahí fue donde se encontró Shimón cuando los romanos lo persiguieron porque estudiaba la palabra de Dios y la transmitía.
Se ocultó en una cueva. Con su hijo Elazar.
-¿Para qué llevas contigo al muchacho? -le reprochó la mujer.
-Un hombre no puede estar solo. Termina delirando. Lo necesito para dialogar para no perder la cordura y la humanidad. Un hombre no es hombre sin otro otro.
Largos meses estuvieron encerrados.
En la oscuridad, padre e hijo recitaban los versículos de la Ley de Dios.
Ahí se les encendía la luz, vibraba entre ellos.
Ahí nació el Zohar, el libro del esplendor, en la cueva, en el misterio de la oscuridad.